
Supongo que todos hemos tratado alguna vez de optimizar nuestros tiempos de carga para evitar que nuestros usuarios puedan irse a comer mientras cargan nuestros sitios ¿no?.
Ya hablamos hace tiempo de que los usuarios cada vez se esperan menos por un sitio, primero eran hasta 7 segundos pero el tiempo ha ido bajando.
Google quiere ahora animarnos a hacer la web más rápida, tanto como pasar las páginas de una revista, para ello han creado un sitio en el que podremos leer artículos sobre optimización, ver vídeos y descargar herramientas para ayudarnos.
El equipo de Google, además, ha creado una extensión para Firebug con la que evaluar la velocidad de nuestros sitios, al estilo de YSlow (creada por Yahoo!).
Si quieres ayudar a hacer la web más rápida puedes pasarte por el sitio de la campaña y aprender con algunos expertos, eso si tendrás que tener un nivel bueno de inglés para entender los tutoriales y artículos.
De un tiempo a esta parte me he encontrado varias veces con sitios maquetados de forma poco accesible y mucho menos semántica y desarrolladores que se ofenden al apuntarles lo incorrecto de ciertas prácticas ya que “el validador del w3c no arroja ningún fallo”.
Es una suerte que, por lo menos, se haya extendido la buena costumbre de validar nuestro marcado pero parece que con la excusa de que un código es válido nos olvidamos de que ningún software puede poner en contexto un sitio web, ni comprobar si hemos empleado la etiqueta más adecuada para la tarea que pretendemos desempeñar.
Por poner un ejemplo, una página maquetada con tablas, con el estilo totalmente definido mediante etiquetas obsoletas puede validar perfectamente empleando el doctype adecuado. Si, porque creo que todos hemos aprendido a engañar al validador con un doctype transicional cuando no nos apetece comernos la cabeza ¿verdad?.
Que una herramienta de validación no arroje fallos no implica necesariamente que hayamos hecho un buen trabajo, sólo quiere decir que no hemos cometido ningún error grave. Maquetar un sitio web es comparable a escribir un texto, podríamos escribir un texto carente de todo sentido pero que no provocase ningún error visible para el corrector de nuestro programa de edición de textos.
Por eso, porque las máquinas tienen sus limitaciones, debemos siempre complementar la verificación automática con la manual. Y no sólo con el W3C, si empleamos TAW o Hera o cualquier otro software para verificar la accesibilidad de una página web nos encontraremos con multitud de puntos que deben comprobarse manualmente.
No hay nada que pueda sustituir a un buen planteamiento a la hora de maquetar ni a un buen uso y entendimiento de las etiquetas HTML.

Supongo que buscar una forma de mostrar las diversas opciones de idioma de un sitio web es algo que nos ha asaltado a todos en un momento u otro.
Hay una convención muy extendida, que no correcta, que hace que empleemos banderas para indicar los diversos idiomas del sitio pero ¿es realmente correcto?
Hace tiempo que, al menos yo, concluí que no. No todos los que hablamos castellano vivimos en España, así como no todos los que hablan inglés viven en Inglaterra o Estados Unidos. Es más, no siempre seleccionamos un idioma en función a donde vivimos si no en función a los idiomas que conocemos y hacernos seleccionarlo según la bandera de uno u otro país es, cuanto menos, confuso.
Hay un caso en el que me parece que todo se confunde especialmente, en las tiendas y catálogos online. No es lo mismo una versión en inglés que una versión para Inglaterra, por ejemplo, en la que además del idioma habría un cambio de divisa y puede que incluso de tiempos de entrega, formas de pago o envío.
Además hay otros puntos, como los que mencionan en Janko at Warp Speed, que es conveniente no pasar por alto. En primer lugar las similitudes entre banderas, que a 16×16 píxeles pueden ser bien difíciles de identificar (más aún para personas de edad avanzada o con deficiencias visuales), luego lo feo que puede quedar tener un frente de banderas en plan galones militares incrustados en nuestros diseños y, por último pero no menos importante, el potencial factor insultante.
Desconozco si es igual en otros idiomas pero lo que si sé es que he asistido a auténticas peleas sobre si debe o no decirse español al castellano en su conjunto o si esta o aquella forma de hablarlo es más o menos correcta que la otra. Es más, en el caso de España o Canadá, donde hay más de un idioma oficial, la bandera no ofrece información 100% correcta.
Para mí, la mejor opción para mostrar las opciones de idioma es utilizar el nombre del idioma escrito en su propio idioma (English, para ingles por ejemplo). De esta forma el usuario no tiene problema en identificar el idioma que es capaz de hablar, incluso si la página está en ruso.
Y vosotros ¿qué soléis emplear para mostrar las opciones de idioma de un sitio?
(Foto por Please! Don’t Smile)
A pesar de que la más obvia de las fronteras sigue siendo la lingüística, como ya vimos también es una de las más sencillas de superar siempre que contemos con un buen equipo de traductores y colaboradores. Incluso si hemos decidido dejar de lado muchos idiomas y vamos a salir sólo en nuestra lengua materna y, por ejemplo, el inglés podremos alcanzar a usuarios de todo el mundo sin excesivo problema.
No obstante, además del idioma hay muchas características que nos diferencian (por suerte).
Es cierto que vivimos en un mundo cada día más globalizado, es cierto que en gran medida los internautas compartimos una especie de cultura común que nos ayuda a comunicarnos pero no podemos olvidar que cada pueblo mantiene su idiosincracia mediante convenciones culturales propias.
Supongo que todos tenemos claros en mente ejemplos de choques culturales, diferencias en el tratamiento entre personas, interpretaciones de colores y gestos…
Lidiar con estos detalles es una de las tareas más complejas. Has de asumir que, salvo que tengas conocimiento enciclopédico de todas las culturas de la tierra, habrá cosas que se te pasen. Es lógico, no puedes estar a todo y menos a algunas cosas que, para ti o para mí, son una auténtica estupidez.
No obstante, hay cosas sencillas que recordar con las que puedes ahorrarte algunos disgustos tontos:
Como ves, neutralidad es la palabra clave. No se trata de producir sitios asépticos y sin contenido o chispa, sólo se trata de buscar un lenguaje común a todos tus posibles visitantes. Transmitir sin ofender, suena difícil pero ahí está el reto de la aldea global ¿no?
Para muchos, la mayor oportunidad que nos ofrece internet es la de lanzar un proyecto más allá de las fronteras físicas. Poder poner a disposición de todo el público de forma simultánea una aplicación o servicio, recibir encargos o tener clientes de los más diversos lugares. No obstante, a pesar de la inicial sencillez de lanzar un proyecto internacional, existen gran cantidad de puntos que debemos cuidar con atención. Puede que incluso, para determinados proyectos, el esfuerzo de internacionalización sea mayor que el beneficio que podemos obtener de él.
Durante unos cuantos artículos vamos a ir viendo los diversos puntos a tener en consideración a la hora de lanzar un proyecto internacional.
A la hora de internacionalizar un proyecto, el primer escollo que se nos presenta es el del idioma. Puede parecer sencillo escribir el texto en tu lengua natal y mandarlo a traducir a otras lenguas. No obstante, por desgracia, gran parte del contenido se pierde en la traducción: frases hechas, referencias culturales, televisivas, bromas etc.
No hace falta irnos a idiomas exóticos para cometer errores que puedan afectar a la impresión que dé nuestro proyecto. Es importante recordar que hay tantas formas de hablar un idioma como lugares donde se habla y expresiones que pueden ser de uso común en tu zona pueden ser completamente incomprensibles en otra. Por no hablar de todas esas palabras que significan cosas que ruborizarían a cualquiera (si, cosas como coger, concha y demás).
Salvo que busques atacar a un sector concreto de los parlantes de un idioma, por ejemplo castellano de Argentina o México, deberías procurar realizar textos lo más neutros posible.
Otro de los grandes errores que es común cometer es confiar en exceso de las traducciones automáticas. Por muy bien que lo haga últimamente Google Translate no podremos estar nunca seguros al 100% de que estamos empleando la forma más correcta del idioma. Según mi opinión es mejor ofrecer el texto en un idioma más “universal” como el inglés que ofrecer traducciones a medias. No sé a vosotros pero a mi me horroriza encontrarme aplicaciones o sitios que presumen de estar en mi idioma para luego descubrir que está traducido en plan indio de las películas de vaqueros.
Es muy difícil conseguir usuarios fieles cuando no demostramos el suficiente interés en cumplir sus expectativas y una traducción mala da, sin lugar a dudas, esa impresión.
Además, deberíamos ser capaces de, al menos, comprender el idioma al que nos dirigimos o contar con alguien que pueda hablarlo y escribirlo. Cuando encuentras una aplicación en tu idioma sueles suponer que dispondrás de soporte en tu idioma así que no descartes recibir correos en todos esos idiomas exóticos a los que has traducido tu proyecto.
A pesar de que la tarea puede no ser tan sencilla como parecía en un principio, es un esfuerzo que merece la pena si estás seguro de que tu producto puede “venderse” en mercados internacionales (o sea, casi cualquier proyecto independiente de la localización del usuario).
Para evitar sustos posteriores o decepciones podemos seguir una serie de pautas como, por ejemplo:
Seguramente debido a que muchos de nosotros, los que trabajamos en la web, somos autodidactas o a que es un medio en constante movimiento, donde quedarse desfasado es cuestión de meses, la principal fuente de aprendizaje e inspiración a la que todos recurrimos es la observación. Esto hace que, en ocasiones, nos pasemos de unos a otros ciertas malas costumbres. Algunas incluso consideradas comúnmente como buenas soluciones cuando no lo son.
Andy Rutledge desmonta un par de layouts muy comunes (el de tres columnas con el contenido en el centro y el típico de los periódicos online) demostrándonos por qué son erróneos y ofreciéndonos algunas soluciones. No os lo perdáis, seguro que os sorprendéis mucho.
Como ya habréis visto, llevo 15 días sin apenas pasarme por aquí. Los optimistas habréis pensado que me había ido de vacaciones, los pesimistas que me había pasado algo y el resto no se habrá dado ni cuenta. Vacaciones no he tenido pero a lo tonto a lo tonto han pasado 2 semanas largas y esto se ha convertido en un parón.
Y es que, hay veces que no te sientes con ganas de publicar nada. No tienes nada que decir o no tienes ganas de hacerlo. Puede que lo que no tengas sea tiempo pero, salvo que lo vayas a dejar para siempre, conviene tomar unas cuantas precauciones para hacer el regreso a la faena lo más sencillo e indoloro posible.
Por supuesto, en casa del herrero cuchillo de palo y ahora mismo me esperan los temidos 1000+ items sin leer en el Google Reader, no tengo demasiado claro como enfocar el rediseño del sitio (que sé que quiero hacer, eso si) y me da rabia pensar en todos los post que pudieron ser y se perdieron en el limbo de mi memoria de pez. Me he instalado un software para apuntar todas esas ideas sueltas y me he propuesto para el año nuevo organizarme un poco mejor, a ver que sale.
Gracias a todos los que os habéis preocupado por mi y a todos los que seguisteis viniendo a ver si habia algo nuevo. ¡Feliz año a todos!
Hace muchos años, cuando yo estaba empezando en esto solía emplear un nick y mantenía mi identidad en secreto absoluto, cual superhéroe del comic. Poco a poco y, sobre todo al volverse más serios mis proyectos, empecé a utilizar mi nombre y comencé a compartir algunos datos sobre mí (trivialidades en la mayor parte de las ocasiones). Esto, que puede parecer un cambio insignificante, supuso ciertos cambios en la actitud con la que me tomaba las cosas y, a ciertos niveles, en la actitud con la que los demás se acercaban a leerme.
Leo en ChicaSEO que este acto de darse un poco a conocer puede suponer un buen empujón a tu credibilidad. En primer lugar, al identificarte das a tu blog una apariencia “mas seria”, no digo con esto que haya que desterrar los nicks pero, para según que temas, yo personalmente prefiero un nombre propio (no se, no me imagino atendida por el soporte online de algún sitio por gente con nombre de dibujo animado o similar).
Además, al dejar claro que lo que hay detrás de un blog es una persona por encima de todo, ganamos en calidez de trato y seguramente mejoraremos la cantidad de comentarios y por ende la conversación (que a veces parece que los blogs surgen ahí sin nadie por detrás y eso se nota en los comentarios)
¿Vosotros que pensáis? ¿Usáis un nick o utilizáis vuestro nombre? ¿Tenéis creada una sección en vuestro sitio para presentaros?

Ayer os comentaba una aplicación web, FoldSpy, que nos permitía verificar que todo nuestro contenido más importante se encontraba antes del hipotético “pliegue” de la página.
Muchos, incluída yo, nos manteníamos escépticos sobre la real importancia del pliegue y los hábitos reales de navegación de un usuario normal. Dado que hacemos scroll contínuamente al navegar, muy mala impresión debería darnos un sitio para no hacer, al menos, scroll vertical a ver si encontramos lo que veníamos buscando. Vamos que, dado que ya tenemos el hábito de hacer scroll lo raro sería no hacerlo.
Milissa Tarquini, de AOL, publica hoy mismo un artículo demostrándonos que las costumbres de navegación han cambiado y zonas tan menospreciadas antes, como los pies de página, están dando excelentes resultados hoy:
Hoy, en el trabajo, surgió el ancestral debate “¿y por qué tanto lío para evitar maquetar con tablas?”. Por supuesto, un vistazo al código fuente de aplicaciones web como las de Google o el mismo Flickr, buque insignia de la web 2.0 no hizo más que sumar argumentos en mi contra ya que, como supondréis, me posiciono en favor de un marcado limpio. Como siempre, se sacó una conclusión errónea: “Eso de los estándares al final es para 4 frikis”.
No obstante, toda esta lata que damos los “estandaristas” tiene razón de ser y, en el caso de proyectos modestos o de empresas con recursos limitados (o sea, todas salvo las mega corporaciones), los estándares pueden suponer ventajas insospechadas para muchos:
A todo esto, además, podemos sumarle el gusto de hacer bien las cosas ¿Acaso eso no es suficiente?
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